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Son diversas las opiniones respecto al topónimo Durango. Alfonso Irigoien estima que: "es a todas luces de formación altomedieval, época en la que estaba vigente como antropónimo en la forma Duranco". Otros autores consideran que sería una derivación de Urazango y Justo Gárate propone que sería una forma evolucionada del nombre Padurango. En la confirmación del fuero de la villa por parte del infante don Juan (1372) se la denomina Tavira de Durango. Tavira sería el nombre del núcleo primitivo y Durango era el nombre de la merindad. Hasta el siglo XVI se la conoce como Villanueva (Uribarri) de Durango.

Según el historiador Orella Unzúe, el Duranguesado tiene su propia historia y sus propios cuadernos jurídicos dentro del reino de Pamplona medieval. Hasta el año 1095 el condado de Durango pertenece al reino de Pamplona primero y al de Navarra después, pero a partir de esa fecha pasa a depender, aunque con cierta independencia, del Señorío de Vizcaya.

Aunque no se conoce con exactitud la fecha de fundación de la villa de Durango, la mayoría de los historiadores coinciden en ubicar ésta durante el período comprendido entre los reinados de Sancho VI "El Sabio" (1150-1194) y Sancho VII "El Fuerte" (1194-1234), reyes navarros que también fundan otras ciudades como San Sebastián (1180) y Vitoria (1181). En el año 1195, tras la ocupación del rey Alfonso VIII de Castilla de todo el Condado de Durango, la villa pasaría a formar parte de la Corona de Castilla.

La configuración urbana originaria sería la formada por tres calles paralelas (Calle de Yuso o Barrenkalea, Calle del Medio o Artekalea y Calle de Suso o Goienkalea), ampliándose después con la calle Nueva o Kalebarria, y atravesadas por una Transversal. Rodeadas por una muralla estaban situadas las puertas de Kurutziaga, San Pedro, San Juan, San Martín, Nuestra Señora de la Piedad y Santa Ana, que aún perdura.

Durante todo el siglo XV la villa se ve envuelta en los diversos avatares producidos por las luchas banderizas entre las familias de los Ibarguen, Zaldibar y Unzueta. En esta época se construyen las casas-torre banderizas de las que apenas hay vestigios y entre las que se pueden destacar las de Arandoño, Asteiza, Echevarría, Láriz, Monago y Otalora. Se reciben las visitas de los reyes de Castilla Enrique III (1393) y Enrique IV (1457), así como la de la reina Isabel la Católica (1483) que se hospeda, según consta en el Archivo Municipal, en la Torre de Lariz. Durante esta visita jura los fueros de la merindad y de la villa.

El suceso más relevante en este siglo es el que se conoce como el de los herejes de Durango (1442-1444). A pesar de la escasa documentación que existe sobre la cuestión, sabemos que su principal instigador fue un fraile franciscano llamado Alonso de Mella, natural de Zamora y hermano del cardenal Juan de Mella. Sobre su ideología, en opinión de Ernesto García Fernández, "se pueden apreciar concomitancias puntuales con los "Hermanos del Libre Espíritu" (cuestiones sobre sexualidad, etc.), con las doctrinas Joaquinistas (la llegada de la Edad del Espíritu Santo), así como con lagunas de las ideas sostenidas por Wiclifitas y Husitas a fines del XIV y comienzos del XV (crítica de la riqueza de la Iglesia, discrepancia con la forma en que son interpretadas las "sagradas escrituras" por teólogos y doctores, posicionamientos en contra del Papado, etc.)". Dadas las dimensiones que tomaba el hecho, los poderes públicos y religiosos tomaron cartas en el asunto reprimiendo duramente a los seguidores de Mella. Más de cien de ellos fueron condenados a muerte (quemados públicamente en Kurutziaga, en Santo Domingo de la Calzada o en Valladolid) y otros, entre ellos Mella y su compañero fray Guillen, lograron huir. Como monumento expiatorio de la herejía nos ha llegado hasta nuestros días el crucero de Kurutziaga. Los movimientos heréticos en la villa tendrían continuación a lo largo de los siglos XVI y XVII e incluso en la segunda mitad del siglo XIX un autodenominado "profeta" llamado Manzanero logra atraer a un cierto número de seguidores y crear una secta, aunque tienen escasa repercusión fuera de la comarca.

Los sucesos más importantes del siglo XVI están asociados a desgracias que acontecen en la villa. Así, en 1517 Durango se ve asolado por una terrible epidemia de peste que causa una gran mortandad entre los vecinos. En 1544 se produce un violento aluvión que inunda gran parte de la villa. Posteriormente, el 11 de marzo de 1554 la villa padece un gran incendio que, habiendo comenzado en Artekalea, convierte en ceniza todos los edificios construídos en madera, que eran la inmensa mayoría. Incluso en 1597 se vuelve a dar una nueva epidemia de peste. De este siglo data también la construcción de la Casa-Ayuntamiento de Durango realizada en gran parte por el maestro cantero Bernabé de Solano.

Durante gran parte del siglo XVII la villa de Durango debe hacer frente al enorme coste humano y económico que suponen las diversas guerras en que se embarca la corona castellana contra Francia, acudiendo en varias ocasiones al auxilio de los puertos vizcainos y guipuzcoanos. Debido a estas guerras se produce un florecimiento de la manufactura del hierro, fabricándose principalmente "chuzos, alabardas, guarniciones de espadas, dagas, picas" y otras armas.

Que el siglo XVIII es un período de declive económico que se refleja en la gran cantidad de veces que el Ayuntamiento debe recurrir a la imposición de arbitrios o sisas. A pesar de ello, en 1785 se procede a la construcción del frontón, uno de los importantes del país. Es de reseñar la aportación de Durango en la guerra contra la Convención francesa. Se formaron siete compañías de sesenta soldados cada una. Los franceses entran en Durango en julio de 1795 y lo evacuan poco después tras la capitulación y neutralidad subsiguiente. Posteriormente, durante la guerra de la Independencia, la vila y el resto del país volverán a ser ocupados por los franceses. Por orden de ellos se derriba la iglesia de la Magdalena y se hace en su lugar un cementerio.

Los diversos avatares políticos que se suceden en el país tienen reflejo también en la vida diaria de los durangueses. Así, en septiembre de 1813 es proclamada en Durango la Constitución de Cádiz, posteriormente se aclama a Fernando VII, que visitaría la villa en junio de 1828. Las guerras carlistas tuvieron una gran repercusión en Durango. En la primera guerra, tras varias victorias consecutivas de los carlistas, la villa de Durango se convierte en Corte del pretendiente don Carlos que se hospeda en la casa de Juan Santos de Orúe en Pinondo. La sangría económica sumada a la gran pérdida humana debida a las batallas y a la epidemia de cólera morbo hacen que el pueblo quede prácticamente arruinado. La primera guerra carlista termina en Durango con la entrada del general Espartero el 2 de agosto de 1839. Durante la segunda guerra carlista (1872-1876) Durango vuelve a ser Corte del pretendiente Carlos VII. Se forma un batallón carlista en Durango que cuenta con 800 hombres al mando de Francisco Zengotita. Al igual que en la primera guerra, al principio las victorias caen del lado carlista pero según va avanzando la guerra se van imponiendo las fuerzas liberales. El 4 de febrero de 1875 las tropas liberales entran en la villa sin encontrar la menor resistencia.

A finales del siglo XIX, concretamente en 1882, se inaugura el ferrocarril de Bilbao a Durango que, a pesar del enorme esfuerzo material que supone su construcción, significará más adelante un gran impulso para la economía de la villa. En 1886 se celebran en Durango las Fiestas Euskaras, acontecimiento cultural de gran importancia, en las que destacaron los concursos de bertsolaris y txistularis y, sobre todo, el certamen literario.

El sigolo XX comienza con una época de florecimiento de la industria. Se implantan en Durango diversas empresas, destacando por su importancia la de Mendizábal. Posteriormente se ubicarían en la villa talleres como La Ferretera Vizcaína y Olma.

En 1927 se produce la anexión de la anteiglesia de Iurreta con lo que la población de Durango aumenta en 2000 personas. La posterior desanexión no se produciría hasta el 1 de enero de 1990.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, el propio dictador viene a Durango e inaugura el mercado de abastos. El 31 de marzo de 1937, durante la guerra civil española (1936-1939), Durango padece un bombardeo indiscriminado y sistemático sobre la población civil. Nunca hasta entonces se había producido en el mundo un suceso de esas características. Fueron más de 500 los muertos durante ese bombardeo y los acaecidos los días posteriores. Al poco las tropas de la I Brigada de Navarra entraron en la villa dando lugar a un largo período de hambre y escasez general hasta mediados los años cincuenta en que la villa, gracias sobre todo al florecimiento industrial, vuelve a cobrar una gran actividad económica. Es de reseñar como característica de esta época la gran afluencia de emigrantes a la villa de zonas del estado menos industrializadas como Extremadura y Andalucía principalmente.

Fecha última modificación:  12 de febrero de 2010 a las 11:08
 
 
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